Conmemora Colegio Nacional el 250 aniversario de Beethoven

Con el título Ludwig van Beethoven: la creación en el silencio, dio inicio este lunes la primera de tres conferencias, las cuales se complementan con igual número de recitales, en el marco de las actividades por el 250 aniversario del natalicio del célebre músico alemán, organizadas por El Colegio Nacional. 

La primera de las charlas estuvo a cargo del médico, investigador y académico Adolfo Martínez Palomo, coordinador de la colección Música y medicina, serie de libros editados por El Colegio Nacional; y quien como especialista escribió una especie de “biografía médica” del llamado genio de Bonn.

Transmitida por las plataformas digitales de El Colegio Nacional, Martínez Palomo se refirió a la infancia y adolescencia de joven Ludwig, así como a las dificultades que vivió durante sus estudios musicales. 

De igual manera habló sobre el aspecto físico de Beethoven, su temperamento, su gusto por las mujeres y las enfermedades que minaron su salud emocional y física. 

Se refirió a una de las enfermedades que minó la salud de Beethoven, mucho antes de su sordera y que muy poco se toma en cuenta en su biografía, enfermedad que al final acabaría con su vida. 

“Es bien sabido que Beethoven alcanzó las cimas más excelsas del arte de la música enfrentando el espectro de una sordera progresiva. A pesar de ello nunca dejó de crear; por el contrario, encontró nuevas formas de expresión musical cada vez más innovadoras”, apuntó el investigador médico. 

Sin embargo, “menos conocido es que haya realizado esa labor titánica con su organismo arruinado desde los veinticinco años por una implacable enfermedad intestinal, atormentado por los efectos de un padecimiento del hígado, que al final acabó con su vida”, expresó Martínez Palomo, en referencia al vino que Beethoven ingería desde esa edad.

De acuerdo con sus biógrafos, apuntó Martínez Palomo, el compositor es descrito de la siguiente manera: “Beethoven era corto de estatura, con una gran cabeza y pelo grueso, intensamente negro, que rodeaba un rostro rudo, marcado por la viruela. Su frente era amplia y estaba delineada por cejas muy pobladas. Su constitución era recia, con hombros amplios y manos fuertes, cubiertas en los dorsos por abundante pelo, con dedos cortos y robustos. Sus movimientos eran tan torpes que constantemente tiraba o rompía cosas y tenía una marcada tendencia a tirar sobre el piano el contenido de los tinteros”. 

Beethoven, “además de los encuentros femeninos ocasionales, intentó tener relaciones amorosas serias con distintas mujeres, todas jóvenes, todas de clase social alta, algunas alumnas de él, otras comprometidas o casadas”. 

Entre las vicisitudes y anécdotas que vivió Beethoven, fue un encuentro con Mozart, dijo el también académico. “Según cuenta la historia, Beethoven estando en Viena, interpretó una de sus obras, que fue recibida con frialdad por Mozart, a lo que el alumno reaccionó solicitando a éste un tema de su invención, para hacer sobre éste una improvisación. El resultado fue un cambio radical de Mozart que dijo a unos amigos ahí presentes: ´Mantengan sus ojos en él, algún día dará al mundo algo de qué hablar’”.

Como especialista, Martínez Palomo destacó: “De los antecedentes médicos de la infancia sólo se sabe que Beethoven padeció viruela, tal como quedó registrado en las numerosas huellas de la infección que marcaron su rostro por el resto de su vida. 

“A los diecisiete años, él mismo menciona en la primera carta personal que se conserva de él: ‘Todo el tiempo he estado afectado por asma (tal vez bronquitis). Me preocupa que se convierta en tuberculosis; además, está la melancolía, que es una calamidad tan grande para mí como mi enfermedad’’.